
Diosa de la fertilidad y de la maternidad en la mitología egipcia. Hija del dios Geb (tierra) y de la diosa Nut (cielo), hermana-esposa de Osiris, juez de los muertos, y madre de Horus, dios del día.
El centro del culto de Isis estaba en File, una isla del Nilo, donde se construyó un templo dedicado a ella durante la XXX Dinastía. Isis es poseedora de una gran destreza mágica.

El culto de Isis se difundió desde Alejandría por todo el mundo helenístico después del siglo IV a.C. Apareció en Grecia en combinación con los cultos de Horus, su hijo, y Serapis, el nombre griego de Osiris. El historiador griego Herodoto identificaba a Isis con Deméter, la diosa griega de la tierra, la agricultura y la fertilidad. El culto tripartito de Isis, Horus y Serapis se introdujo después (86 a.C.) en Roma y llegó a ser una de las ramas más populares de la religión romana.
En la Tradición Hermética, Isis se encuentra asociada con la primera iniciación, la lunar. Así como Osiris a la segunda, la solar, y ambos, conjugados, en la tercera, la polar. De ahí la importancia de la siguiente oración que recoge Apuleyo en su obra La Metamorfosis, en la cual reseña el mito egipcio relacionado con la invocación que a continuación se transcribe:
“Tú, en verdad santa, perpetua protectora del género humano, siempre generosa en favorecer a los mortales, tú tienes por las tribulaciones de los desdichados un dulce afecto de madre. No hay un día, una noche, ni siquiera un pequeño instante que pase, sin que hayas prodigado tus beneficios, sin que hayas protegido a los hombres en la tierra y en el mar, sin haber alargado tu salvadora mano, después de alejar los embates de la vida. Y con esa mano deshaces la inextricable y retorcida urdimbre de la Fatalidad, aplacas las tempestades de la Fortuna y neutralizas la influencia funesta de los astros. Te veneran las divinidades del cielo, te respetan las del infierno; tú das el movimiento de rotación al mundo; al Sol, su luz; al mundo, sus leyes, con tus pies hollas el Tártaro. A ti responden los astros; por ti vuelven las estaciones, se alegran los dioses, se muestran dóciles los elementos. A una indicación tuya soplan los vientos, se hinchan las nubes, germinan las simientes, crecen los gérmenes. Temen a tu majestad los pájaros que cruzan los cielos, los animales salvajes que van errantes por los montes, las serpientes que se ocultan bajo tierra, los monstruos del océano. Pero yo poseo un pobre ingenio para cantar tus alabanzas, y un reducido patrimonio para ofrecerte dignos sacrificios; no poseo la facundia necesaria para expresar los sentimientos que me inspira tu majestad; no poseo ni mil bocas, otras tantas lenguas, ni un inagotable manantial de infatigables palabras, pero tendré siempre delante de mi imaginación, guardándolos en lo más recóndito de mi corazón, tu rostro divino y tu santísimo numen.”
Esta invocación es pronunciada una vez que se efectúa el descenso a los infiernos, donde se percibe directamente y de modo potencial todo lo que seguirá, de lo cual este descenso es sólo una prueba. Recordemos por último la vinculación de la diosa Isis con el arcano del Tarot llamado La Papisa o La Sacerdotisa.

Isis es relacionada al principio femenino, vinculada a la Tierra y la Luna, y se manifiesta con los ropajes de la energía pasiva, inmanente y potencial.
Plutarco en su obra la Ethika nos habla de la diosa:
"Isis es, pues, la naturaleza considerada como mujer y apta para recibir toda generación. Este es el sentido en que Platón la llama “Nodriza” y “Aquella que todo lo contiene”. La mayor parte la llaman “Diosa de infinitos nombres', porque la divina Razón la conduce a recibir toda especie de formas y apariencias. Siente amor innato por el primer principio, por el principio que ejerce sobre todo supremo poder, y que es idéntico al principio del bien; lo desea, lo persigue, huyendo y rechazando toda participación con el principio del mal. Aunque sea tanto para el uno como para el otro materia y habitáculo, se inclina siempre voluntariamente hacia el mejor principio; a él se ofrece para que la fecunde, para que siembre en su seno lo que de él emana y lo semejante a él. Se regocija al recibir estos gérmenes y tiembla de alegría cuando se siente encinta y llena de gérmenes productores. En efecto, toda generación es imagen en la materia de la sustancia fecundante, y la criatura se produce a imitación del ser que le dio la vida."

